Me costó ponerme a escribir este post. Aunque no suelo poner la lista de ganadores de ningún tipo de premio (son cosas que se pueden encontrar en todos lados), sí estoy de acuerdo con un buen análisis de una ceremonia al estilo Xavier Vidal; pero él y tantos otros bloggeros lo hacen tan bien que se me van las ganas. Lo cierto es que fue una gala austera (muy austera), bastante discreta y con pocos lujos a primera vista. Momentos graciosos a cargo de dos presentadores agradables y un Ben Stiller encendido; un montaje de films de terror regular; una linda coreografía de las partituras originales nominadas y un número de apertura con clase, pero nada deslumbrante.
Y luego nada hasta que, como dijo Diego Lerer, ganó Campanella, y explotó todo.
Aquí la crítica de “El secreto de sus ojos”, cuando la puse en este blog. La película representó a nuestro país en estos últimos Oscars y ganó. Es una gran alegría (Mariano, te vuelvo a pedir prestada la foto).
Aquí la otra cara de la moneda; la tristeza que podría venir con la felicidad de esta victoria. Un discurso que le robé al Bigote y estuve comentando mucho estos días.
Aquí las críticas de otras películas que tuvieron que ver con los Oscars y que criticamos aquí estos últimos años...vuelvo prontito con una Rareza de la semana, después de enterarme que mucha gente estuvo viendo “Once” estos días, y que mi crítica sirvió de algo alguna vez. Sí, una crítica en la que nadie comentó, pero así es la vida: hay films que HAY que ver.
"Atonement"
"Juno"
"Little miss sunshine"
"Sideways"
"El curioso caso de Benjamin Button"
"Slumdog Millionaire"
Thursday, 11 March 2010
Post-Oscar (tarde pero seguro)
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ElChapa
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11.3.10
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Saturday, 6 March 2010
Especial Oscar: “Up in the air” y “Un hombre serio”
Las junté en principio porque son de las pocas películas nominadas que pude ver, y en segundo lugar porque realmente creo que merecen estar donde están; son dos films que son más de lo que aparentan, films con guiones de hierro y actuaciones memorables, films que sus directores controlan por completo, más que nada porque son directores consagrados (los Coen ya no me acuerdo cuando se consagraron, pero Jason Reitman se acaba de consagrar con “Up in the air”; nadie lo puede poner en duda). Espero que disfruten la gala esta y podamos llevarnos algunas sorpresas. Sin más preámbulos, las críticas de “Amor sin escalas” (horrible traducción aquí) y “Un hombre serio”. Porque aquí seguimos sin arriesgarnos con las predicciones (más aún cuando no vimos mucho), sino que simplemente tratamos de hacer crítica.
Amor sin escalas
¿Qué queremos? A veces nuestra vida no alcanza para responder esa preguntan. Vivimos el día a día y no tenemos tiempo. A Ryan Bingham la misma persona le pregunta dos veces en “Up in the air”: “Qué querés?”. No puede dar una respuesta. Viaja por el mundo despidiendo gente para vivir y no tiene problemas para dormir; oímos su voz en off diciendo que el aire es su casa, los aeropuertos un recordatorio de que todo está bien; escuchamos sus conferencias que tienen todo que ver con dejar cualquier tipo de equipaje (literal y metafórico) atrás –en el camino- y aún así es incapaz de decidir qué es lo que quiere. Vive con una filosofía. Y parece que es algo que eligió y defiende, podemos intuir en conversaciones con las dos mujeres que irrumpen en medio de su sistemática y cómoda vida. Bueno, no todo lo que elegimos es necesariamente lo que queremos.
Ryan Bingham está interpretado por George Clooney como la clase de hombre con el que no nos gustaría meternos. No es lo más apropiado para su línea de trabajo, pero Clooney tiene esa habilidad de hacernos creer que es el mejor en lo que hace y eso es lo que pensamos de Bingham: imparable, perfecto, hombre de corazón frío con una sonrisa encantadora...y con clase también (estamos hablando de George Clooney). Hizo casi lo mismo en “Michael Clayton” (aquí mi crítica), pero sin la sonrisa. De hecho, Bingham es tan confiado que se enamora y está seguro de que todo saldrá bien.
Creo que “Up in the air” es una muy buena película porque el director Jason Reitman se asegura de que nunca nos vayamos de ese lugar. Presenta un personaje y le proporciona un ‘turning point’ (ver aquí detalles de la definición) que cualquier película de Hollywood terminaría de modo feliz –de hecho, su propia “Juno” (aquí mi crítica) hacía justamente eso- y decide poner todo en espera. Cada vez que Bingham está en la tierra, ya sea para una boda familiar o una reunión laboral, podemos presentir que el aire lo está llamando. Es algo que la película nos hace sentir con elementos: una música melancólica plagada de guitarras acústicas, algunas miradas de Bingham, algunas sonrisas que no parecen estar del todo bien. El truco es que esto no tiene que ser algo triste. Simplemente es lo que es.
Escuchamos el ruido de maletas cerrándose, tarjetas magnéticas haciendo ‘beep’, teléfonos celulares sonando. Así es como es en el aire. Una mujer, Kate (Vera Farmiga), llega y suena como la compañera perfecta para esa vida segura, suspendida. Parece compartir la filosofía de Ryan. Luego otra mujer, Natalie (Anna Kendrick), más joven, impulsiva y con ganas de aprender, suena a psicología barata –tiene una maestría en psicología- y promueve, con y sin intención (porque es joven e impulsiva) una versión de una vida “real”; la vida de las parejas casadas con hijos; la vida que parece planeada; la vida a la que Mark Loring le tenía tanto miedo y la vida para la que más de un personaje de este film no se siente preparado...aún así, la vida que atesoran cada hombre y mujer que Ryan despide.
La contradicción es obvia, y es el ‘turning point’ de Ryan. Pero los personajes en los films de Reitman nunca son obvios. Son inteligentes, peculiares, a veces gente extraña capaz de resolver contradicciones. El guión del director y Sheldon Turner, basado en una novela de Walter Kim, es intuitivo y poderosamente dramático sin ningún tipo de melodrama. Los empleados que son despedidos sufren y hablan la verdad, escuchamos cada una de sus palabras y sentimos empatía.
Pero sentimos empatía por Ryan también, porque lo podemos ver preguntándose, meditando. Las conversaciones que comparte con Karen por un lado, las discusiones (la mayoría) que tiene con Natalie por el otro, y una particular charla de a tres sobre la vida y el amor, son los momentos en los que la película necesita nuestra mayor atención. Los momentos sin música, los momentos en los que Ryan casi no dice nada que no pertenezca a su filosofía, pero al mismo tiempo los momentos en los que piensa o, al menos, se queda con algo para pensar. Lo podemos ver en sus ojos, aunque la convicción de las actuaciones de Kendrick y Farmiga ayudan a generar este efecto (actuaciones que, entre otras cosas, confirman que Allison Janney, J.K. Simmons, Jason Bateman y Jennifer Garner deberían haber tenido más chances en la temporada de premios con “Juno”).
Necesita Ryan una segunda oportunidad? ¿Se la merece? Por supuesto que “Up in the air” ofrece más preguntas que respuestas, y no creo que la travesía de su personaje principal tenga nada que ver con la redención. Con riesgo de analizar algo que quizá ni siquiera esté sugerido por la película, creo que la travesía de Ryan Bingham termina una vez que descubra qué es lo que quiere. Hay un par de escenas que muestran personas verdaderamente encantadas y alegres al pensar en las cosas que quieren. Una incluye al perfecto J.K. Simmons; la otra un mapa del mundo con muchas fotografías. Yo siempre he creído que el mundo sería distinto si todos hicieran lo que quieren porque siempre he sabido que no es lo que sucede la mayor parte del tiempo. No sé si sería un mundo mejor, pero distinto...distinto está bueno.
Un hombre serio
El cine de los Coen es como hipnótico. Creo que por esta razón se han ganado una reputación de genios, locos. Siempre están dispuestos a dar una vuelta de tuerca más, a desafiar un poco al espectador entregando una historia que desde su planteamiento formal siempre es austera, sencilla, pero que en el fondo esconde algo; y ese algo hipnotiza. Ya me había pasado con “Sin lugar para los débiles” (un film del que todavía no pude escribir), en medida similar con otro relato actual pero más hilarante, “El gran Lebowski” (tampoco pude escribir) y más tarde con algo situado en el pasado, la peculiar “Barton Fink”.
Sí, están en lo correcto. Tampoco escribí acerca de “Barton Fink”, pero creo que su protagonista con lentes y algunos rulos, situado en un ambiente particular y en una época determinada es lo más similar a “Un hombre serio”, la última pieza producida, escrita y dirigida por los hermanitos. Les cuento que Barton Fink (un excelente John Turturro) estaba hipnotizado, al llegar a un rarísimo hotel en Hollywood. Cuando digo hipnotizado, me refiero a que estaba en una especie de trance, en el que no entendía nada pero tenía muy claro que algo tenía que hacer, si bien esto era algo que no sabía bien cómo hacerlo o si realmente lo quería hacer para empezar.
A Larry Gopnik (un excelente Michael Stuhlbarg) le sucede algo similar. Se va a hacer un chequeo médico y luego de que descubre que está bien, va a dar clase y se encuentra en su oficina con un alumno coreano que quiere sobornarlo para que lo haga aprobar un examen. Pero la idea del soborno la descubre tarde. Momentos luego, su amigo Sy Ableman lo llama para hablar con él, pero la conversación se corta y Larry llega a casa para enterarse que su mujer quiere divorciarse...y que se va a casar con Sy Ableman! Claro que Larry no está en Hollywood ni son los años 40; son los 60 y está inmerso en una comunidad judía en Minnesota. Sin embargo, su trance se activa cuando le ocurren todas estas cosas (sumadas a otras que ni mencioné) y él está completamente seguro de que ‘no ha hecho nada’.
Bueno, en realidad, sí ha hecho algo. Ha tratado de ser un buen hombre (lo que en la comunidad se conoce como un ‘hombre serio’), o al menos está tratando de serlo, pero esta serie de eventos irremediablemente lo correrá de su camino. No hay absurdo aquí, no hay delirio al estilo de “El gran Lebowski”. Mi idea en este momento es que queremos atribuir estas características al cine de los Coen porque puede resultarnos más fácil, pero lo cierto es que “Un hombre serio” es una película oscura; seria como su título. También lo era “Barton Fink”, aunque ambos films tengan una pizca de humor –negro, hay que aclarar- y tengan momentos que rompan la paz/trance del relato.
Hablamos de películas en las que todo está a punto de explotar, pero no al estilo de las frustraciones de la clase media de Allan Ball y su “Belleza Americana” derivado en “Six Feet Under”, sino a un nivel más humano, casi existencial. No es casualidad que se escuchen ruidos similares a un bombardeo a lo largo de “Un hombre serio” ni es casualidad el final del film; ni que Ed Tom Bell (un excelente Tommy Lee Jones) medite con su voz en off acerca de la relación del hombre y el mundo que lo rodea en “Sin lugar para los débiles” ni el final del film; mucho menos el hecho de que Barton Fink no acepte un mundo que no sea liderado por la clase trabajadora a la que defiende y sobre la cual escribe. No es casualidad el final desolador de “Barton Fink”.
Hay gente mala en el mundo, aún en el universo de los Coen, bastante asociado con la comedia. Nos confundimos y nos olvidamos de que en “Barton Fink” tenemos que sospechar de la jovialidad Charlie Medows (un excelente John Goodman) y de que aquí tenemos que dudar de la amabilidad y tranquilidad de Sy Ableman. Nadie está libre de pecado, ya verán, mucho menos Larry y su familia, en este film tan anclado en la religión.
Está entre los logros de la película el situar el contexto en una época en la que la religión judía se veía más generalmente de manera ortodoxa. En este contexto es válido todo lo que ocurre, desde los sueños delirantes hasta las apariciones de los muertos, y especialmente la búsqueda de Larry de alguna respuesta ante los rabinos de la comunidad. Creo además que está claro que el film está pensado para todos los gustos y religiones, aunque algo parece mostrar que la persona de religión judía, de algún modo, se identificará más con los personajes. Más allá de todo el trasfondo judío, hay otras cosas que son marca personal de los Coen, entre ellas los sueños y las apariciones mencionados, todo parte de un guión increíblemente original y de múltiples líneas argumentales (muchas de las cuales no encuentran conclusión) que incluye un destacado relato de un dentista y su paciente que un rabino le cuenta a Larry.
Son estas cosas graciosas? Sí. Yo dije que “Un hombre serio” tenía su cuota de comedia, aunque la mayoría venga de reírse de los personajes. Pero me resulta un ejercicio interesante pensar qué hay detrás de estos sellos cómicos. La puesta en escena del film es, al igual que en “Sin lugar para los débiles”, tranquilizadoramente perturbadora; y el sonido de ambiente de Carter Burwell de aquella película ha sido reemplazado por una muy buena música que acompaña el estado de ánimo buscado. Si no nos sintiéramos perturbados (iba a decir hipnotizados, pero los Coen hipnotizan siempre), no pensaríamos en que algo más triste se esconde detrás del principio de incertidumbre que tan bien explica el profesor Larry Gopnik.
Claro que la magia de la película está en saber que las respuestas definitivamente no las tiene el profesor, ni los rabinos, ni nosotros, ni los hermanos que la hicieron. Es como lo que le dice un personaje a Larry en algún momento del film, que tiene que ver con algo que los Coen quieren incrustarnos en la cabeza hace tiempo: “Acepta el misterio”. Si no se conforman, a la salida del cine nadie les quita el derecho a seguir preguntando.
---Un 8 a las dos pelis??
Saludos Sospechosos!
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ElChapa
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Labels: Especiales, George Clooney, Jason Reitman
Tuesday, 2 March 2010
Me decepcionaste!
Ahora que Alejo comentó en el post anterior (gracias, por cierto), y que estoy seguro de que tuvo la oportunidad de leerlo, podemos continuar. No quiero hacerme esperar mucho ahora que todos mis artículos son publicados en Paperblog (gracias Natalia!). Entonces: nuevo mes, nueva sección. La idea de esta sección no es más que lo que su título denota.
Hoy estuve hablando con Gianluca (no dejen de leer su blog, yo alguno de estos días haré un especial que le debo sobre Damien Rice) y me comentaba que había visto “Petróleo Sangriento” y que no le había gustado mucho. Lo primero que yo le dije fue que era imposible separar esa película de toda la obra de su director. Hay directores que calan hondo, no necesariamente en el mundo del cine, sino en uno como espectador (aunque creo que el caso de Anderson es un particular ejemplo de una ‘calada’ que se da en ambos espacios); por lo tanto, uno espera mucho de ellos. Generalmente, estos directores pueden pensarse como “autores” desde una perspectiva personal. Yo le contaba hoy a Gian que los rasgos del cine de Paul Thomas Anderson eran reconocibles: películas de un grado de “nomeimportanada” altísimo; personajes detallados en ambientes peculiares, un paso del tiempo que nunca está totalmente registrado ni es percibido y demás. Seguramente si hoy en día Anderson hiciera un film que no cumpliera con esa u otras características, un film que no se sintiera suyo, me decepcionaría.
Me pasó con Judd Apatow, un “autor” –si se quiere- dentro de la Nueva Comedia Americana. Pero está todo acá abajo. Eso sí: queda claro que los actores no entran en esta sección...al menos no por ahora. ¿Quién sabe?
La crítica de “Funny People” (que aquí se estrenó en DVD como “Hazme Reír”), a continuación.
“Funny People”
Primero lo primero: “Funny People” es graciosa. Es graciosa porque te hace reír mucho (y eso es algo que siempre estamos esperando de Apatow), es graciosa porque verdaderamente trata de gente que es graciosa, y abraza esa cualidad. Tomando a sus tres protagonistas, el resultado es alguien que es gracioso porque ha hecho cosas a través de los años que generan ese efecto en la audiencia que lo ve como alguien hilarante (George Simmons, interpretado por Adam Sandler); alguien que es gracioso porque la primera impresión que da no es para nada graciosa y por lo tanto nos hace reír, pero por otro lado puede realmente hacerte reír porque escribe buenos chistes (Ira Wright, interpretado por Seth Rogen); y alguien que es gracioso porque en su actitud generalmente conflictiva y sus cambios de humor constantes, aparece como alguien gracioso, pero más extraño y/o raro que gracioso en sí (Laura, interpretada por Leslie Mann).
El problema que tengo cuando una película realizada por Apatow es meramente graciosa, como lo es esta, es que en este punto de la carrera del escritor/director (al menos en esta faceta, no tenemos que incluir todo lo que ha hecho y está haciendo en este argumento), estoy esperando más que “simplemente gracioso”. Tengo derecho a esperar eso por dos razones: 1)Lo he visto funcionar y lo he apreciado en sus films previos como escritor/director, “Virgen a los 40” (aquí mi crítica) y “Ligeramente embarazada” (aquí mi crítica), y 2)Ha dejado más que claro que quiere que su público reciba un poquito más que un par de risas.
Ese tantito más ha tomado la forma de cosas como, el “Síndrome Apatow”, que es una manera particular de retratar a los hombres en las películas y, particularmente, las relaciones de los hombres con otros hombres. El lazo que el capo-cómico George Simmons desarrolla con Ira Wright una vez que descubre que está muriendo, primero teniéndolo como asistente en la escritura de chistes que progresivamente se transforma en amigo, es la muestra más compleja del síndrome hasta el momento. Es una idea que vale la pena explorar, en forma, tiempo y espacio. Otro elemento de marca Apatow es el rol de las mujeres, transformando completamente a los hombres y casi abriéndoles los ojos a un nuevo mundo que puede no ser mejor que aquel en el que están estancados pero que vale la pena conocer. Piensen en el trabajo anterior de Apatow, y en lo que Alison y Trish hacen con las vidas de Ben y Andy, respectivamente. Luego nuevamente, el rol que Laura ha jugado (hay una presencia importante del pasado en esta película) y/o juega en la vida de George Simmons es menos claro. Es otra idea que merece ser explorada, en forma, espacio y especialmente en tiempo.
Verán, los personajes principales de Judd Apatow evolucionan película tras película. No quiero decir que se hacen mejores hombres, sino que se paran en lugares de mayor experiencia en el propio tiempo de sus películas, que para nosotros los espectadores es un tiempo que establece distancia entre las películas. George Simmons, protagonista de “Funny People”, en esta cronología, es el espécimen más evolucionado. Andy era un virgen, falto de experiencia romántica y hasta de amistad; Ben estaba un poco mejor en el departamento de los amigos, y aunque no un ganador en el lado romántico (los personajes de Apatow nunca lo serán por completo), capaz de pasar una noche con una hermosa mujer, embarazarla y asumir la responsabilidad. George Simmons está más allá de todo eso: ha tenido amor y lo ha perdido, ha experimentado lo mismo con amigos, y quizá ni siquiera sirva para una comparación porque es una superestrella. Andy y Ben eran trabajadores comunes y corrientes. Se necesita un director inteligente para darle el papel de George Simmons a Adam Sandler. No es una mala actuación de Sandler, principalmente porque su personaje podría ser él mismo y porque además termina siendo un balance entre el griterío de “Punch-Drunk Love” (aquí una crítica de Alejo) y la voz suave de “Spanglish” (aquí mi crítica), sus interpretaciones dramáticas recientes en films también hechos por directores inteligentes.
Lo primero que podríamos pensar es que ha habido una reacomodación y el ‘Síndrome Apatow” está ahora localizado en Ira Wright, cuyos mejores amigos están interpretados por Jonah Hill (genio puro) y Jason Schwartzman, y que más Apatow que eso no se puede poner. Pero estamos equivocados, porque Ira y estos tipos son más que trabajadores. Tienen aspiraciones, quieren ser estrellas, quieren ser comediantes y viven con eso todos los días. También requiere de un director inteligente el tomar a un actor en el que confía y cambiarlo por completo de un film a otro. El Ira Wright de Seth Rogen no sólo pierde el peso y la estupidez de Ben Stone, lo que también desaparece es la falta de ambición. Ira quiere triunfar, y aún cuando sabe que no es el mejor, pelea por ello, aunque tenga que traicionar a sus amigos.
Y es por eso que no hay reacomodación. El ambiente ha cambiado. En Hollywood, George Simmons se cruza a Ray Romano, Eminen, Norm McDonald, Sarah Silverman y James Taylor entre otros, pero sigue siendo el ser más evolucionado de Apatow. Completamente solo en una gran mansión, apunto de morir, tiene que re-conectarse, en todo el sentido que le quieran agregar a la palabra. Esta re-conexión es, en “Funny People”, la cosa ‘extra’ de una película de Apatow: un cuidado desarrollo dramático que debe complementar a la comedia, a veces superándola porque es excesivo pero nunca está fuera de lugar, porque tiene que ver con los personajes.
Bien. Este ‘extra’ no funciona aquí. El drama, al igual que la comedia, está basado en ideas. La re-conexión de George con el mundo debería ser una conexión, para que nosotros conectemos con él. Esto nunca ocurre, porque las ideas que forman el contenido dramático del film –la relación de Geroge con Ira y su inconclusa historia con Laura- no son exploradas por completo. Quizá esto era demasiado personal para Apatow: podemos ver que el ambiente es el que habitó y no es un detalle menor que esta sea su pieza más larga hasta la fecha. Tal vez tenía más para decir y trató de aclararlo en menos tiempo; o tal vez su combinación de elemento no fue planeada correctamente esta vuelta. De hecho, las cosas que siempre he encontrado inspiradoras y mencioné como distintivas (como las referencias a películas o los pósters colgando en la pared) son usadas en exceso aquí: en cada escena hay un comentario de alguna escena o de un título. Entiendo que es Hollywood, pero en mi opinión esa característica particular pierde su encanto.
Lo mismo va para los personajes en general. La aparición de Eric Bana es graciosa (sí, dije que la película lo era), pero se mete con el orden natural de los personajes; de los personajes de Apatow en general y de los personajes de esta película, precisamente porque no es natural y no se siente correcto. Y sí, por supuesto que es lindo ver a la mujer de Apatow (la hermosa Leslie Mann) haciendo un personaje importante nuevamente. Él saca lo mejor de ella y de sus hijitas. Lo que no es lindo es no identificarse con su ternura, no sentir su felicidad y su dolor...o el de George si vamos al caso, o el de Ira. No puedo pretender que hubo algo donde no pasó nada.
---6/10
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ElChapa
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Saturday, 20 February 2010
La fascinación por lo que se ve vs. La fascinación por lo que se quiere ver
Seguimos con los posteos prometidos para este mes. Aquí, un Especial dedicado al Cine Argentino.
Para el dire, para que Solo por hoy sigamos mirando cosas que están buenas... ;)
---
El conflicto es claro. En principio es entre dos cuestiones como las que reza el título, que pueden ser un poco difíciles de precisar. Hablamos de cine aquí, y queremos por lo tanto hablar de películas. También hablamos mucho de Cine Argentino, y muchísimo más aún de aquello que -siempre queda la duda- todavía se conoce como Nuevo Cine Argentino. Pues no fue Mariano Llinás quien dirigió “Ana y los otros” en el 2003. Llinás es, en todo caso, el director de “Historias Extraordinarias” (leer aquí, luego) y el productor de -si se quiere- dos hijas de aquella magna pieza: “Todos Mienten” (de Matias Piñeiro) y “Castro” (de Alejo Moguillansky), estrenadas en el 2009. De la segunda hablaremos hoy...y de la película de Celina Murga, “Ana y los otros”.
Ambas óperas primas de sus directores, filmadas en un proceso de libertad creativa envidiable, “Ana y los otros” y “Castro” están invadidas por tantas similitudes como contraposiciones. De hecho, las contraposiciones vienen marcadas por una simple razón. Antes de esto, los dos films fueron escritos y dirigidos únicamente por sus directores, los dos giran alrededor de un personaje principal muy particular y las relaciones de este con el mundo (y viceversa), los dos son más cortos que la media de películas (duran 80 minutos aproximadamente), los dos dan cuenta de un ‘cambio de localidad’ (de La Plata a Buenos Aires en “Castro”, de Buenos Aires a Paraná en “Ana y los otros”) y los dos parecen estar ‘hechos en familia’.
Aquí se presenta la primera cuestión, y tiene que ver con el paso del tiempo. Si Celina Murga fue asistente de dirección de la maravillosa “Sólo por hoy” de Ariel Rotter y de la genial “Sábado” de Juan Villegas, no podemos hablar de una casualidad. Esos dos films de los que algún día voy a hablar, y que para mí son claves del Nuevo Cine Argentino, la ligan a Murga automáticamente a aquel movimiento. Muchos integrantes del equipo de “Ana y los otros” trabajaron con Rotter o con Villegas, y es lógica la influencia. Además, es una influencia clara y de indudable belleza. Por otro lado, Alejo Moguillansky también trabajó con Villegas en su momento, y tiene una estrecha relación con la FUC (Universidad de Cine que le dio vida a “Sólo por hoy”), que hoy apoya sus películas y todo lo que tenga que ver con Mariano Llinás; movimiento que algunos se atrevieron a llamar Nuevo Nuevo Cine Argentino. Si esto es así, el cambio de rumbo de Moguillansky es claro y la influencia de Llinás también es lógica. Pero cuidado: no es una influencia tan clara. 
Lo que hay en “Ana y los otros”, que está presente en gran parte del Cine Argentino de la última década y de lo que cada vez quedan menos rasgos, es una fascinación por lo que se ve. Me refiero a una fascinación por lo que está ahí, en frente de uno; eso que la cámara debería poder captar en el momento y sin adornos porque genera emoción y sirve así como está. Por lo tanto, cuando Ana camina por Paraná y se encuentra con gente (“los otros”...todos), eso es lo que se presiente. Es, de hecho, una fascinación tan fuerte que se transmite directamente al espectador, hasta el punto de hacerle a uno creer que puede dirigir un film. ¿Por qué no? Algo que nos conmueve, que nos motiva y que queremos captar en imagen. ¿Tan difícil es? No lo sé, pero la naturalidad que se respira en las imágenes de Murga es consecuencia de una exploración no forzada de la realidad que al traducirse a ficción conserva una cuota muy grande de aquella realidad de donde vino.
Entonces los elementos. Si Murga quiere conservar al máximo ‘lo que se ve’, tiene que hacerse de herramientas para lograrlo. Y allí aparecen, primero que nada, las cosas como son: no hay un solo plano de “Ana y los otros” que uno no pueda ir a capturar a Paraná con una cámara (filmadora o de fotos). El paisaje tiene que ser real, la directora lo vio en todo su esplendor y así lo vemos nosotros: Ana sentada cerca del río; Ana en la peatonal; Ana en la casa de su amiga Nati con la hijas de Nati; Ana recorriendo el río y recordando el pasado con el marido de Nati, Nati y las hijas de Nati; Ana en la fiesta de reunión de egresados; Ana en la casa de Diego; Ana en búsqueda de Mariano y su encuentro con un personaje esencial, especial, genial que se llama Matías. Eso es “Ana y los otros”, y es una gran película más que nada porque está fascinada por lo que se ve, y porque la fascinación es tan pura que nos atrapa.
¿Y los otros? Los otros, como dije, son todos. Este “los otros”, tan amplio, es parte de la magia de “Ana y los otros”, que es una pureza mágica. No voy a mentir: la “nada” del film de Murga me fascina. Hay elementos del Nuevo Cine Argentino que son más herramientas que hacen a la creación de una película que sobrevive con su ‘nada’ en el tiempo. Gente que no actúa; personas que no actuaron nunca llenan las imágenes y las cargan de sentido, pero de un sentido que no es -o que justamente es- nada. ¿Qué quiero decir? Cerremos en una frase: los “otros”, que son “todos”, aparecen para la “nada” que es “Ana y los otros”. Como tantos grandes films de esta década nacional, en esta película no sucede nada. Hay una idea, que está ahí. Ana regresa de Buenos Aires, aparentemente después de mucho tiempo, y allí en Paraná actúa como cualquier persona del lugar actuaría al regresar. Los otros, por su parte, actúan frente a ella como cualquier persona que no ve hace mucho a otra debería actuar. No hay trucos, no hay mentiras. Simplemente, quizá, una esperanza de reencuentro de viejo amor. Ana lo busca a Mariano, un viejo novio, y cada lugar que visita y cada persona con la que se encuentra tiene que responder acerca de Mariano. El novio, ese recuerdo del pasado que ahora parece inútil búsqueda de un improbable futuro, es como un espíritu que sobrevuela la película, y alcanza para sostener lo que en definitiva sigue siendo “nada”. Sin embargo, obviar la importantísima presencia de Camila Toker, que en “Sábado” componía un personaje insoportable y aquí aparece amorosa y emerge hasta como linda y sexy de una manera particular (eso pasa generalmente cuando los directores están muy enamorados de sus personajes, cuando los tratan con sumo cuidado y dedicación), cargándose al hombro lo que se ve. Y triunfando, por supuesto, como Celina Murga y su ópera prima. 
En otra situación, en otro lugar y en otro tiempo, el actor Edgardo Castro no parece capaz de cargarse al hombro una historia que lo tiene como protagonista y en la cual interpreta a un personaje que lleva su mismo apellido. ¿Ya ven? Todo es, desde el vamos, un poco más complicado cuando nos referimos a “Castro”. Para conectar cuestiones, los dos primeros problemas que aparecen en la película de Alejo Moguillansky son este hecho de que el actor no puede tomar las riendas de la película aunque todo el peso caiga sobre él y la razón por la que no puede hacerlo y que tiene que ver con que su personaje no ve nada. Si su personaje Castro no ve nada, Castro el actor tampoco podrá ver. ¿Quién es el que ve entonces? Es una pregunta sensata, y que debe hacerse. La respuesta tiene que dar el nombre del director, Moguillansky. Pero sería una respuesta mentirosa pues el director tampoco ve. Quiero decir, no ve lo que está ahí en frente suyo, por lo tanto -y créanme- se nota que a sus Castros (actor y personaje) y al resto de las personas (“los otros”...no todos) se les hace difícil ver. Debo agregar que a nosotros los espectadores también se nos complica un poco. Lo hay en Alejo Moguillansky y “Castro” es una fascinación por lo que se quiere ver.
En palabras primordialmente técnicas, lo que sucede en “Castro” es un predominio de la forma sobre el fondo. Es decir, hay una importancia mayor en el cómo se está contando algo que en lo que se está contando en sí. Y aquí está lo cómico, ya que como en “Ana y los otros”, en la película de Moguillansky no está pasando nada. Si allí en Paraná no pasaba nada pero nos sentíamos atrapados por alguna cosa que traté de explicar, acá en Buenos Aires no nos atrapa nada. En todo caso, queremos que lo atrapen a Castro de una vez por todas, ya que lo persiguen por todos lados. El argumento es el que sigue: un tal Castro vive en La Plata con una tal Celia, su situación amorosa es tensa y deciden mudarse a Buenos Aires para que él consiga trabajo; por otro lado, la ex-mujer de Castro, un tal Samuel y sus trabajadores Willy y Acuña, lo buscan a Castro por razones desconocidas. De La Plata a Buenos Aires, y mientras Castro se busca la vida, presenciamos la persecución. Ese es el contenido; el fondo. 
En La Plata, cambiando constantemente de colectivos y dejando papelitos con indicaciones, Samuel y sus secuaces lo persiguen a Castro. Cuando van por la calle, van corriendo. Y Castro también corre; y también lo hace su novia Celia. Todos corren. En Buenos Aires, también en colectivos, pero ya más en subtes y en autos y en una vivienda que Castro y Celia consiguen, las corridas siguen. Todos continúan corriendo, los autos van a toda velocidad y las personas hacen saltos exagerados, como salidos de película de acción. Está casi todo coreografiado en el film, leí en algún lado. Bien, eso es la forma. Y se nota la preparación: el movimiento de la cámara en cada escena combinado con las posiciones de los personajes; algunas persecuciones de autos que constituyen intercambios de paquetes están construidas con virtuosismo; las imágenes son, en general, lo que se dice “bellas”. ¿Y? A mí no me dicen nada.
Pero este no es un caso de “ay, no me emocioné”, y por lo tanto un reclamo. No creo que todo deba emocionar (aunque eso siempre será discutible), sino que creo principalmente en lo que veo y en lo que eso me genera. Y como Moguillansky no ve sino que quiere ver, me planteo la duda como espectador durante “Castro” de si estoy o no viendo algo, cualquier cosa. Se desvirtuó todo, y es consecuencia de la poco clara influencia de Mariano Llinás. Donde “Historias Extraordinarias” era arriesgada y desmedida sin dejar de abrir el campo de juego para explorar nuevas y ricas dimensiones cinematográficas, “Castro” es estructurada, hermética, planificada al extremo...contaminada por esto que llamamos forma. Es como si Moguillansky en vez de seguir abriendo cerrara nuevamente el juego, encerrándose en un placard como Castro. Porque sí, Castro no sólo corre constantemente, sino que duerme en un placard, y actúa de forma extraña. Y los otros, que como dije ya no son todos, se comportan acorde. Hablan de forma acelerada, dicen cosas incoherentes, se expresan ante los demás sin una pizca de empatía.
Está bien, el espectador respeta y entiende: Moguillansky está fascinado por lo que quiere ver y este es el mundo que quiere ver. Pero el espectador no es tonto, y Moguillansky nos hace trampa: no siempre corren los personajes; no siempre hablan con esa rapidez; no siempre viven en el ánimo de sobreactuación exagerada -casi de otro mundo (el que quiere ver el director del film, ¿no?)- con el que los conocemos. Si uno como espectador no puede ver, no pueden culparlo de buscar explicaciones, de intentar entender; mucho menos aún cuando una película se le aparece “fríamente calculada”. ¿Cómo poner en duda el mundo tan peculiar de “Castro”? Uno como espectador dice: “tiene que haber una explicación...el director tiene que haber hecho tal o cual cosa por esta razón o por la otra”. Este respeto me mantuvo a mí sentado en la sala durante toda la proyección del film. El respeto que mi hermano me tiene como persona que ama el cine hizo que se quedara dormido y que tuviera la prudencia de no roncar. El respeto que mis padres me tienen porque soy su hijo y los invité a ver la película hizo que no se levantaran de la sala a los veinte minutos de empezada la función, aunque sí soltaron un par de risas.
Es lógico. Yo no concibo un cine en el que -tras una larga cadena de conexiones que parten del fondo, pasan por la forma y terminan en el director- nadie puede decir con seguridad qué es lo que se ve. Quizá mañana lo llamo a Moguillansky y le pido que me explique todo, pero no funciona así. ¿Si no puedo contactarme con él? ¿Si se muere? En mi experiencia, todo, absolutamente todo, está EN la película. Y si Moguillansky está fascinado por lo que quiere ver pero ni siquiera le es fiel a ese mundo que concibió, si Castro no entiende nada, si los pocos actores dicen las cosas sin convicción alguna (como si siguieran órdenes que son parte de un fin mayor...esa planificación extrema) y ni siquiera me pueden convencer a mí de una falta de convicción...si esa es la otra opción y ese es resultado, entre la fascinación por lo que se ve y la fascinación por lo que se quiere ver me quedo con la primera...toda la vida. 
Autorizo que esto sea utilizado por Paperblog
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20.2.10
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Wednesday, 10 February 2010
"Vertigo", la manifestación irrepetible una lejanía - Parte II
La segunda parte de lo posteado hace una semana. Recomiendo leer el post anterior para no perder completamente el hilo. Espero lo disfruten!
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Madeleine ha muerto, Scottie no es el mismo. Lo que se ve en nuestra imagen seleccionada (el fotograma) es más que la consumación de todo esto; una reconstrucción que funciona en dos aspectos: el espacial y el literal. La espacial incluye un recorrido detallado y esperanzador para buscar o volver a localizar algo que ya no está allí. Esto se traduce en la visita a la mansión donde solían vivir Gavin y Madeleine, donde de algún modo se “reactiva” su memoria al ver el auto que ella manejaba; el bar donde la vio por primera vez y en donde cualquier mujer cuyos movimientos o vestimenta se le asemeja, perturbándolo mientras imagina que la tiene en frente; el museo donde está la pintura de Carlotta, en el que llega a acercarse a una desconocida en una clara confusión. A la vez, el recuerdo afecta su día a día, ya que cualquier cosa que se relaciona con su experiencia, de repente se carga de sentido.
Un ramo de flores marca la pauta, ya que un día cualquiera, ante una vidriera común y corriente, Scottie se encuentra con una mujer que decididamente se parece a Madeleine. La puesta en escena y los recursos aquí ponen en juego la memoria no sólo del espectador atento sino también del mismo protagonista. Un perfil que tantas veces nos había cautivado en una misteriosa mujer ahora muerta. Es Judy, quien alguna vez caracterizó a Madeleine y fue en parte causante –nos enteramos luego- de la obsesión que hizo que Scottie la siga sin piedad hasta su casa, invitándola a cenar. Cenan juntos, y él no quiere dejar de pasar tiempo con ella.
Ella conoce mejor que nadie todo lo sucedido; un hecho que no se puede obviar. Escribe una carta en la que pretende darle explicaciones que después elige ir introduciendo sutilmente. Para llegar a nuestro fotograma ahora es necesario tomar en cuenta los dos puntos de vista: el de una mujer enamorada y el de un hombre obsesionado. La parte final del proceso que lleva a cabo Scottie es casi una perversión a la que, por amor, Judy accede.
Hicimos referencia a una reconstrucción en dos aspectos. Faltó el aspecto literal, que es literal en cuando a la reconstrucción total, física de una persona. Lo que fue en algún momento Madeleine; su cuerpo, su mirada, la forma de su pelo, sus zapatos, sus trajes y vestidos, son detalles que el protagonista no ha olvidado y que necesita revivir para poder continuar de algún modo con su vida. El método no es sano, el proceso emprendido por la memoria tiene la conclusión perversa de, a grandes rasgos, amar a un fantasma.
Breves instantes antes de la imagen que elegimos hay una aparición de Judy, reconvertida en Madeleine tras el meticuloso esfuerzo de Scottie y su propia voluntad de ser querida por el hombre que ama. Es una imagen de ensueño, casi irreal, pero lo vuelve al protagonista a la vida. Scottie no se había animado a tocar ni besar a Judy hasta ese momento.
El triunfo del proceso de “reconstrucción física” (lo que llamamos literal) es nuestra imagen, expresada en la aparición del pasado; ese fondo que muestra el último lugar donde se habían besado y al que él no había ido durante su “reconstrucción espacial”. En este fotograma creemos lógico cerrar el desmenuzamiento de la relación entre el cuerpo y la memoria en el cine, específicamente en la película “Vertigo”.
Aunque no estaba en nuestro plan inicial excedernos temporalmente al momento de esta imagen en el film, podríamos también contemplar el fracaso del proceso de Scottie, localizándolo cerca del desenlace de la película. Es imposible dejar de mencionar una mínina frustración luego de tal satisfacción en la idea de que aunque hizo lo que pudo para traer a la mujer que amó de vuelta, hubo otra persona que lo superó: Gavin Elster.
Ante todo queda siempre la duda, teniendo a la memoria como imagen, como percepción, sonido, olor, gusto, tacto; si memoria se constituye en sensaciones más allá de la imagen y a pesar de estar frente a la misma mujer (a pesar de no saberlo, es la misma) ¿Por qué es tan fuerte la apariencia física que él la necesita reconstruir para lograr traerla de vuelta?
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Saludos Sospechosos!
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10.2.10
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Tuesday, 2 February 2010
Celebración: Un premio importante
Un día tarde llego a poner esto, pero me parece lo más lógico para unir algunas celebraciones (de esas que tienen que ver con premios). Particularmente, las dos tienen que ver con Mariano Todo Oscars, el blog de Mariano Masci, que hace algunos días tuvo la especial idea de sorprender a nuestra comunidad con las nominaciones para unos "Blogger Awards". Sorpresas acumuladas, me vi no sólo nominado en la categoría de Mejor Crítico, sino también honrado con una pequeñísima sección que al parecer Mariano ha disfrutado. Y quizá hasta ahí llegaba. Pero varios días después, cuando se entregaron los diplomas, me encontré con este que ven aquí abajo.
Quiero deir GRACIAS! Tener un premio o lo que fuere que tenga que ver con "hacer crítica" para mí es importantísimo. Los que me leen saben que este es un espacio donde priorizamos la crítica de cine, la opinión, el análisis y el estudio de películas varias. Es lo que más me importa, y sobretodo lo que más me gusta, así que GRACIAS principalmente a Mariano por este galardón, que es una alegría de comienzo de año. Espero algún día, si esto se repite, poder tener un diseño o una portada más atractiva (para robar alguna nominación más, jajj), pero ustedes saben que cada quien pone en primer plano lo que elige. Aquí, Sospechosos, yo trato de hacer crítica.
Acto seguido, quiero felicitar a todos los nominados y nominadas, y repetir la -a esta altura- eterna expresión que explica lo importante que esto es para una "comunidad cinéfila/bloggera" como la que todos tratamos de formar. De esta manera, conocemos otros blogs, leemos otras cosas, descubrimos otras técnicas e ideas, y todo contribuye a que todos mejoremos. Enhorabuena a todos los ganadores, y por última vez a Mariano por el emprendimiento.
La otra celebración (y la hago corta para que no se olviden que todavía hay que leer el post de abajo, que es largo!) también tiene que ver con MTO, pues los sueños se hacen realidad, y tal como lo venía pidiendo Mariano, EL SECRETO DE SUS OJOS (aquí mi crítica) está nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera (te robo la foto Masci); nos enteramos hoy a la mañana. Felicidades Campanella, felicidades Argentina, y volvemos a tener esperanza por un premio como el de la Academia!
Saludos Sospechosos!
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ElChapa
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Labels: Premios
Monday, 1 February 2010
“Vertigo, la manifestación irrepetible de una lejanía” - Parte I
En honor a Agus Castelli, Tote Auche y Fede Esswein, que lo escribieron conmigo en una larga y complicada noche. Se los extraña!
Y para ustedes Sospechosos, lo dejo una semana, cuestión de que lean con atención esta primera parte, y la semana que viene el final.
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”Necesito que seas Madeleine por última vez,
cuando esto acabe, ambos estaremos libres”.
Tomemos este fotograma en términos genéricos. Hay un hombre que hace un instante besó a una mujer; una mujer que él quiere que sea otra. Mientras el hombre se aparta, pensativo acerca de lo que acaba de suceder, la mujer continúa en un estado apasionado; ojos cerrados besando a un hombre que ama. El fotograma que nos compete encuentra a ambas personas en una especie de prisión: ella en la de saberse amada por algo que no es, él en la de estar irremediablemente atado a algo que no puede ser lo que tiene en frente por más que así lo desee. De este modo, el beso puede traducirse en la nada, debido a que las dos personas no están siendo correspondidas. Sin embargo, por otro lado, es un beso que puede llenarse de sentido. Atrás, sin necesidad de ser registrado por los involucrados, se percibe otra imagen. Es, si se quiere, un fotograma -otra imagen cinematográfica dentro de la que estamos analizando- que existe sólo en la memoria de él, la persona que muestra signos de vacilación en su cara. Si se intenta, como se propuso, cargarla del sentido, es indudablemente el pasado que a través de la memoria de este hombre se aparece de repente. Es más, si extendemos esta interpretación, podríamos decir que también es la mujer que, en medio de su pasión en ese beso, está volviendo al pasado.
Evidentemente, si hemos visto cine suficiente podremos determinar que la imagen en cuestión es un fotograma de “Vertigo”, película de Alfred Hitchcock estrenada en 1958. Elegimos esta imagen porque dentro del contexto del filme es un momento dramático clave, y porque a la vez nos entrega claves para desarrollar la relación del cuerpo y la memoria en el cine. Es un tópico amplio, pero con estas herramientas pretendemos desmenuzarlo un poco.
Sabemos que la memoria juega un papel activo en la construcción y reconstrucción de los hechos. Esa construcción es a su vez imagen, percepción, gusto, y remite a un acontecimiento o sensación previa. La memoria generalmente es más sensorial que fáctica; los hechos en ella están siempre influenciados por el sentimiento y esa mediación influye en los detalles del recuerdo.
Ahora bien, esta especie de memoria selectiva habla mucho de quiénes somos como personas. Si de cada experiencia rescatamos ciertas partes y omitimos algunas, es porque no queremos recordar algunas cosas o porque, en el peor de los casos no llegamos a hacerlo. No podemos. La situación que nosotros intentamos plantear y que está directamente relacionada con la imagen que analizamos parte de estas premisas. Es algo que revierte el “quiero” y el “puedo” de forma total. Sugiere la memoria de una persona que ha vivido algo tan intenso que ni puede ni quiere recortarlo; es más, necesita recuperarlo en su totalidad para poder seguir adelante. Así como la memoria nos trae a la luz momentos de felicidad varios, también puede paralizarnos, frenándonos en un punto particular de la vida del que es necesario salir mediante una reconstrucción que, por más que cueste, tiene que involucrar como participante fundamental a la memoria que nos paralizó en primer lugar.
Esto nos da pie, principalmente, para introducirnos en la palabra “reconstrucción” en el contexto de la película, sobre todo porque no estamos ante cualquier reconstrucción. La memoria, dijimos, juega un papel activo en la construcción y reconstrucción de los hechos; construcción que es también imagen, percepción, gusto, pero… ¿Qué vemos, o en su defecto, qué imaginamos? ¿Qué percibimos? ¿Qué degustamos? Volviendo a nuestro fotograma, se puede llegar a la conclusión de que todos estos factores se ven aunados en la mirada de Scottie y en la compenetración de la mujer hacia el momento que están viviendo. Yendo un poco más lejos, en “Vertigo”, teniendo en cuenta la situación dramática y la banda sonora original de Bernard Herrmann nuestra imagen es el clímax audiovisual de un proceso que se viene gestando desde que Scottie es cautivado por la esposa de su ex compañero de universidad Gavin Elster. ¿A qué tipo de proceso nos referimos?
De alguna manera, es probable la experiencia o el hecho de que la primera vez que vemos a una persona ésta quede fijada en nuestra memoria. Lo que le sucede a Scottie, con quien en primera instancia conocemos como Madeleine, es una atracción instantánea. Si nos atrevemos, por lo sugerido en la puesta en escena, a catalogar esta suerte de encuentro como algo más que una mera atracción, ya estamos hablando de algo romántico, al menos en parte: la posibilidad (aurática, si se quiere) del amor a primera vista.
Si es allí que empieza a darse el proceso, no podemos obviar un detalle argumental. La Madeleine que cautiva a Scottie en verdad se llama Judy y está caracterizando a la antes mencionada esposa de Gavin Elster. Esto es algo que, en ese punto del film, desconocen tanto el protagonista como el espectador, pero que nos vemos obligados a esclarecer ya que aquí arremete otra complicación, que conecta fundamentalmente al cuerpo y la memoria. Supone el espectador (y Scottie) que Madeleine realmente está siendo poseída por Carlotta Valdés pero todo es parte de la caracterización de Judy y razón de la intriga –posteriormente obsesión- del personaje interpretado por James Stewart.
Esto es complejo: Gavin Elster le pidió a Judy que tome la forma de una mujer que evidentemente existe (Madeleine) pero nunca aparece en pantalla, y que estaría a su vez tomando -ocasionalmente- la forma de otra mujer que alguna vez existió (Carlotta Valdés). Scottie es, aún después de que el espectador presencia la “revelación” del filme, la única víctima de toda esta configuración, que incluye una subtrama de crimen que no detallaremos. Es más, nuestro fotograma muestra la escena anterior al momento en que Scottie es partícipe de la revelación.
Sin embargo, puede que en todo este nudo haya un “daño colateral”. La víctima sería Midge, mejor amiga Scottie y ex prometida que, a medida que el protagonista se va perdiendo en la trama de romance y misterio, se encuentra desesperada. Desorientada ante la falta de interés de Scottie, Midge también recrea una imagen, particularmente creando una pintura. En la pintura, toma la forma de Carlotta Valdés, de un retrato de ella. Esto complica las cosas, ya que en esa inesperada y descolocada pintura se conjugan todas las mujeres que están atormentando la vida de Scottie y Midge no queda bien parada. Nos queda una sola pregunta en este aspecto: ¿Cuál es la intención de Midge con esta acción? ¿Qué quiere decir? ¿Quiere presentarse como ese tipo de mujer para Scottie? ¿Como esa fantasía? ¿Está simplemente poniendo a prueba su memoria?
La memoria de Scottie igualmente aparece vencida tarde o temprano. En un montaje en el que predomina una imagen de su cabeza, casi lo podemos ver literalmente “perdiendo la cabeza”. Vemos el retrato original de Carlotta en sus delirios, una tumba, un collar y unas flores que ella (ellas, como venimos diciendo) usaba.
Quisiéramos recordar que hablamos esencialmente de un proceso, que no cesa mientras Scottie vive una recuperación médica. Sigue enamorado de Madeleine, un hecho que es perceptible aún cuando no emite palabra. Es lógico entonces que la continuación necesaria del proceso requiera, como supimos mencionar, la participación predominante de la memoria.
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LA SEGUNDA PARTE LA PROXIMA!
Espero les guste
Saludos Sospechosos!
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1.2.10
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