Wednesday, 19 March 2008

La nueva sensación infantil: Siguiendo los sueños

Qué trillada la expresión “sigue tu sueño” (ya la use para la crítica de “Gol!”); que predecible cada película que decide tratar con un tema parecido; que vergüenza para aquellos films que fallan en el intento; que placer para los que triunfan sin ser necesariamente espectaculares.

Hay mucha mística en todo el tema de las tramas que nunca se agotan. Se está acabando la originalidad? Hay gente que realmente cree que puede hacer algo ya hecho antes pero bien, o mejor? Las personas simplemente no tienen ganas de trabajar cosas complicadas?


No tengo ninguna de las respuestas y jamás las tendré, pero ese tipo de preguntas me surgen cada vez que veo una película como “Mi nombre es August Rush”. Por qué? Porque es buena y conquistadora en su manera simplista y poco arriesgada de contar una historia, y porque Freddie Highmore trae tanta naturalidad y simpatía a la pantalla que es difícil no querer que le pasen sólo cosas buenas.

Esta crítica, plagada de sentimentalismo, se la dedico a Palomita y a la Ricche, aunque nunca entran al blog (la foto está extraída del post original de /makeusfeel –lo puse bien? Con la barrita y eso?). Las quiero!

La crítica de “August Rush”, a continuación.

“August Rush”

Si hay algo que no me canso de decir (como se lee un poco arriba) es que hay películas que siguen las clásicas fórmulas y simplemente funcionan. Hace un tiempo veía un film con algunos amigos que trataba de una chica que hacía patinaje sobre hielo y jugaba hockey sobre hielo a la misma vez. Tenía que elegir entre ambos, pero la película estaba arreglada de tal modo que pudiera hacer ambos…Que bueno! Claro; eventos extraordinarios ocurrían para que esto se diera, pero como dicen: “El fin justifica los medios”.

“August Rush”, de Kim Sheridan, no es (sorprendentemente) acerca del deporte. No hay ningún equipo o jugador que quiera ganar un campeonato; sólo hay un niño que quiere encontrar a sus padres y cree que la música puede ayudarlo, guiarlo. “Todo lo que tienen que hacer es escuchar”, el pequeñito interpretado alegremente por Freddie Highmore susurra. Es tan encantador que un empleado de Protección al Menor (Terrence Howard) le da su número. Pronto, el niño se encuentra en Nueva York: “Cómo llegaste aquí?”, un camionero que lo deja en la calle le pregunta. “Seguí la música”.

Hay otra historia siendo contada además de la del niño, y es la de sus padres (Jonathan Rhys-Meyers y una adorable Keri Rusell). Nos muestra como se conocieron en Nueva York y todo es muy lindo y perfecto de noche y pasan juntos la noche más hermosa de sus vidas, con más música y contemplación que palabras. Esto se repite durante todo el film. La contemplación no es parte del estilo de filmación; es que el guión es muy corto y los realizadores ganan tiempo con números musicales y pasajes visuales.

De a ratos, como en algunos de los mágicos números musicales, “August Rush” nos hace creer que la música puede conectar a la gente en el modo en que la película quiere que lo haga. Sería más fácil creerlo si los padres del niño no estuvieran tan relacionados con la música (el padre es un músico de rock y la mamá una chelista) y si las circunstancias no fueran tan predecibles. Pero pensándolo bien, si todo fuera distinto, la película no nos conquistaría y la historia sería otra.

En este tipo de cosas, tiene que ser todo o nada, entonces es justo decir que Sheridan tomó todas las decisiones correctas. Por ejemplo, hay como dos momentos en los que el film podría saltear un instante predecible (algunas piezas con fórmula lo hacen); pero no lo hace. “August Rush” admite con orgullo sus ‘clichés’, por lo tanto también tenemos un personaje malvado interpretado por Robin Williams como un hombre con buenas intenciones que al final del día sólo se preocupa por sí mismo.

Por el otro lado, encontramos la mirada comprensiva de Terrence Howard o la de un cura en una iglesia donde el niño pasa una noche. Cuando se levanta aprende dos cosas en el piano de una chiquita y cuando ésta vuelve de clases le dice al cura: “Te acuerdas cuando dijiste que Mozart era un prodigio? Bueno, tengo uno y está viviendo debajo de mi cama. Esa escena me trajo una sonrisa.

Porque eso es lo mejor que ‘estos’ films pueden hacer: pueden hacer que nos escapemos de la realidad por un rato y soñemos con un mundo mejor. Esto no es una declaración acerca del que mundo sea un lugar malo y feo, pero el mundo no es como en “August Rush” y jamás lo será….Quiero agregar que no expliqué mucho de la trama y salteé muchos detalles importantes que encontrarán en cualquier crítica e incluso salteé pequeñas descripciones, pero es a propósito: honestamente creo que pueden disfrutar ésta. Inténtenlo.

---7/10

PD: Me gustó más el poster que ven que el original, muestra más personajes...Y adelanto unas pistas para la rareza de la semana: Clásico de Culto, Inglesa, de Danny Boyle...Va a estar interesante Sospechosos

2 comments:

Popurrí said...

Chapita, una vez más te pones a escribir de la forma en que me gusta que lo hagas: no en la trama y de qué va la película, sino en lo que nos puede llegar a gustar, las partes que nos van a conmover y las que nos van a hacer creer que tenemos que dejar de ver cine

Un abrazo

Salar said...

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