Saturday, 4 August 2007

Analizando Clásicos: “Paris, Texas”

Hoy inauguro una nueva sección. Es que estoy en el medio de un viaje, con conciertos semi-exitosos, con más pequeños viajes por venir y estoy tarde con todos los preparativos…Tuve que ir desde el norte hasta el sur de Londres varias veces para conseguir un amplificador y llevarlo al lugar de la presentación, ya que sin este no hubiese podido tocar. “La mejor distancia es la mayor…Cuando un taxi es una ambulancia” .

En fin; la nueva sección, bajo el título que se ve arriba, consistirá en el análisis de diversas temáticas dentro del cine, de alguna manera clásicas (obviamente con la intención de que las traten de conseguir y ver, si son películas-que en realidad siempre es así-) Hoy es un clásico de culto, la película “Paris, Texas”, hecha en 1984 y dirigida por Wim Wenders.


Si le echan un breve vistazo a la biografía de Wim Wenders, leerán que quería ser un sacerdote. Por suerte cambió de opinión y se metió en una escuela de cine. Nacido en Alemania, el reconocido director ha explorado varios estilos cinematográficos.

Honestamente, no he visto ni la mitad de sus trabajos (todo cine europeo no muy fácil de conseguir), pero es realizador tanto de películas como de documentales (que en sí también son películas). Estos últimos años, cual David Lynch, ha experimentado con la filmación mediante cámara digital en sus películas; en cuanto a documentales, dirigió y escribió el multipremiado “Buena Vista Social Club”: donde Ry Cooder viajaba a La Habana en búsqueda de grandes músicos olvidados por su nación.

Pero es “Paris, Texas”, un trabajo fundamental de su carrera. Para mí marca muchísimo personalmente, ya que tuve la oportunidad de ver el film a mi precoz edad de 11 años, cuando empezaba a interesarme por el mundo cinematográfico. Mi amigo Gianluca tenía una colección de clásicos proveniente de la revista CARAS, y como ni la mitad estaban abiertos, yo se los pedía prestados para verlos. Tenía de todo la colección; desde películas de Woody Allen, pasando por Johnny Depp, Robin Williams, el gran Cameron Crowe y hasta Jean Claude Van Damme. No las vi todas, pero agarraba cualquiera…Y un día agarré “Paris, Texas”(vean acá una especie de trailer) .

Me mató: su historia de silencios y emociones encerradas me impactó muchísimo, pero no me la acordaba bien hasta que la vimos con mi prima Irina hace unas semanas. La película cuenta la historia de Travis (Harry Dean Stanton, derecha), un hombre del que no se puede decir mucho al principio, porque lo conocemos en el medio del desierto; caminando sin rumbo (o quizá con alguno, pero no lo sabemos).

Acto seguido, su hermano Walt (Dean Stockwell) sale a buscarlo por el desierto. Y es que Travis había estado desaparecido por cuatro años, sin dar señales de vida. Por esta razón, Walt se encargó de su hijo Hunter (Hunter Henderson), a quien crió como suyo. Ahora la familia vive con el misterio de no saber qué estuvo haciendo Travis durante todo ese tiempo, y quizá nunca lo sepan; en un aspecto de la película increíblemente manejado por Wenders, que pone a los dos hermanos a hablar, pero Travis parece estar en un estado de shock y le hace a Walt un ‘tratamiento de silencio’…No dice ni una palabra.

Este es el primero de los matices que el film aborda en cuanto a las relaciones humanas; porque además de tratar con la relación entre hermanos, explora a fondo la relación padre e hijo, e incluso marido y mujer en dos aspectos. Un aspecto resaltante de “Paris, Texas” es lo mucho que descubrimos sin escuchar tanto; todos los susurros entre los silencios que mencioné, por ponerlo de una manera poética. Pero en realidad es el lenguaje cinematográfico el que se encarga de esta poesía; en un viaje por el desierto que Wenders deja en manos de dos personas: Robby Müller, con su fotografía de cámaras quietas y de intensa observación al cielo y al paisaje; y Ry Cooder, con una música que capta los estados de ánimo de los personajes a la perfección. Es música country mayoritariamente, bien de Texas y del desierto.

Al finalizar el primer viaje largo de los dos hermanos, la película pone en marcha lo que yo denominaría ‘segunda etapa’; la etapa del redescubrimiento, en la que el padre (Travis, que empieza hablar nuevamente) vuelve a hacer contacto con su hijo, en un intento de recuperarlo de alguna manera (allí también hay un viaje, en el mejor estilo ‘road movie’). En una escena magistral, Travis (que tiene un aspecto de vaquero) le pide a la mucama de la casa que lo haga verse como un hombre rico, ya que va a ir a buscar a su hijo al colegio. Ya vestido con ropas extravagantes, termina obteniendo una apariencia un poco ridícula que no le va. Al llegar al colegio, saluda a Hunter desde la calle de en frente, pero el niño lo mira de modo extraño; y luego se voltea para susurrarle a un amiguito en el oído: “Me puedo ir con vos?”. Esto hace, y Travis lo mira irse mientras se lamenta. Esta situación se repite más tarde en otra escena aún mejor.

Porque como explica el título, la película habla de Paris en Texas, no de la capital francesa. Travis cuenta en varias ocasiones que su madre era de Paris, en Texas; pero que su padre contaba una historia graciosa en la que la presentaba como si fuera francesa: “Hasta que un día realmente él empezó a creer que era así”, le confiesa Travis a su hijo en una escena en la que, como bien observó mi prima Irina, la cámara muestra a Hunter como el propio psicólogo que está examinando a su paciente (su padre) desde un sillón.

Conversaciones como esa; poderosas, hay muchas. El guión del film, escrito por Sam Shepard, presenta seres totalmente palpables, erráticos y para nada perfectos, pero muy enigmáticos en todo momento por cualquier lado que se los mire. Decir cuál es el más misterioso de los personajes es difícil, pero conocemos muy tarde a quien probablemente merezca el título; lo que da lugar al desarrollo de la última y la mejor de las conversaciones del guión, en una escena que hoy es un clásico del cine.

Lo que eleva a “Paris, Texas” por sobre otras ‘road movies’ es el estado de ánimo que la marca. Fíjense que Sam Shepard, el guionista, es estadounidense, pero la película no tiene el aire de una ‘road movie’ americana, sino el detenimiento y la calma reflexiva del cine europeo; eso es lo que Wenders trae al plato y lo que hace del film una experiencia única e irrepetible.

No sé si descubrirán algo más de la vida viendo ésta película, aunque lo dudo. Estoy seguro que les quedarán muchas dudas acerca de los personajes, pero despreocúpense y traten de dejarse llevar y así formar parte de un viaje a dos desiertos; el geográfico y el humano...Es una de mil maneras de analizarla y disfrutarla.

---Gracias a Panchito por permitirme hacer unas mínimas 'cursivas---

3 comments:

pancho said...

Te quedaron

pancho said...

Te olvidaste de sacar la negrita y cursiva del "me mato".

Y si queres hacer un link, tenes que encerralos con una "a". Eg: <a>http://maps.google.co.uk</a>

matsan said...

juan la verdad q me encantaria ver esa pelicula y muchos otros clasicos, pero como vos saves en brandsen no las tienen ni a palos jaja, asi q voy a tener q esperar hasta q viva en BsAs..
un abrazo